La Literatura infantil es la creación artística
expresada en palabras, aún cuando no se hayan escrito, sino propagado de boca
en boca. Les dejo aquí para que disfruten y se deleiten con preciosas obras de diferentes autores.
Este bello poema, se lo voy a dedicar a mi amiga María Ximena Silvani, porque en un momento le pregunté si conocía una hermosa poesía para publicar y me recomendó ésta, y la verdad es que me gustó muchisimo así que aquí se las dejo.
Hermoso cuento de la excelente escritora María Elena Walsh.. !A deleitarse!
gustín era un chico muy soñador. Siempre estaba jugando a las distintas cosas que quería ser cuando creciera. Un día era doctor, otro cowboy, y al siguiente, piloto de avión. Hasta que un día, viendo el despegue de un cohete en la tele, se decidió.
–¡Voy a ser astronauta! –gritó de alegría.
Esta vez iba en serio. Se hizo un casco con una ensaladera de plástico y unos tubos que pintó de plateado. Completó su traje con ropa blanca y unas botas de lluvia. Lo siguiente sería construir su nave espacial con cajas, papeles y fibras.Cuando sus amigos vieron todo lo que estaba haciendo, trataron enseguida de convencerlo de elegir otra profesión. Lo de astronauta era muy difícil: necesitaba mucho entrenamiento y estudio, y todo eso se hacía en Estados Unidos; muy lejos de su casa.
El pobre Agustín estaba muy decepcionado por que sus papás siempre le habían dicho que con esfuerzo él podría hacer lo que quisiera. Y ahora… no quería ni siquiera ir al cole, ni a fútbol, ni a inglés.Pero un día vio en la tele cómo un chico que era muy pobre le había escrito una carta al presidente. En ella decía que él quería estudiar para ser arqueólogo (esos científicos que buscan huesos de dinosaurios) y que era el mejor estudiante de su escuela, pero que no tenía dinero para la universidad. Así que le pedía ayuda con una beca (o sea, el pago de los estudios). El presidente había aceptado el pedido, y el chico iba a poder ser lo que quisiera cuando fuera grande.
Agustín pensó que él no era tan pobre, y que el presidente no podía estar dándole becas a todo el mundo, pero… sus papás seguían diciéndole que con esfuerzo podría llegar a cualquier parte. Y fue así que, cuando creció, ganó una competencia para ir a Estados Unidos, a participar en un concurso sobre el espacio exterior. El premio incluía estudiar en la NASA, que es el lugar donde lanzan los cohetes y los astronautas al espacio.
Y así fue como a Agustín se le cumplieron todos sus sueños de niños
Tengo una panadería, una de las cinco que hay en San Jorge. Estoy todo el día en el mostrador, inclusive los domingos. Hará un año pasó una vaca con delantal por la vereda de enfrente, iba callada, tranquila. Después escuché que una señora le contaba a otra que en la escuela habían nombrado a una vaca como directora. Desde entonces la vi pasar todas las mañanas. No sé por qué, pero me gustaba verla pasar, o me llamaba la atención. Me intrigaba saber cómo era, pero sólo alguna vez entró a comprar algo para acompañar su desayuño en el colegio. Muy tímida en su manera de saludar y hacer el pedido, como cuando uno quiere pasar inadvertido; supongo que le daba vergüenza ser vaca. Yo me esforzaba en ser muy amable con ella, para que se sintiera bien, y me ponía muy incómodo cuando algún cliente la miraba como a un bicho raro. Todo lo que supe de ella fue por los comentarios de la gente, así al pasar. Trataba de preguntar lo menos posible porque no quería que empezaran a decir que andaba haciendo averiguaciones sobre ella, los pueblos son difíciles en ese sentido. Héctor, un muchacho que vivía a la vuelta de casa, atendía el kiosco de la escuela y como ahí venden facturas que hago yo, cuando venía a buscarlas siempre comentábamos cosas de la escuela. Sin darme cuenta me empezó a gustar que me contara de ella, parece que era muy buena directora, no andaba a los gritos, le gustaba acercarse a conversar con los chicos. Me contó que al principio a las maestras les reventó tener una vaca como directora, pero ella hizo como que no se daba cuenta, no le dio importancia y poco a poco se las fue ganando, después ya la respetaban mucho. Es que tenía un modo muy especial de tratar a la gente, por ejemplo, yo me acuerdi una vez que me equivoqué al sumar y le estaba cobrando de más, le pedí disculpas por el error y me dijo “No, por favor, usted está todo el día acá, alguna vez se le tienen que mezclar los números”. Me lo dijo de una manera que yo sentí que era tan natural que uno a veces se equivoque. Un día Héctor vino muy contento; a la escuela había llegado un tipo macanudo, que había sido pirata. A mí no me gustó eso, no sé por qué, pero de entrada le desconfié. Al otro día lo mismo, que el pirata se había anotado para aprender a leer y escribir, pero que no hacía nada porque era un vago fenomenal, que se la pasaba todo el día charlando con todo el mundo en vez de estudiar. Me lo contaba como una gracia, pero yo lo escuchaba serio. Todos los días se caía con una anécdota nueva, el pirata había viajado por todo el mundo, conocía no sé cuántos países, había tenido aventuras impresionantes. -¡Sí, pero no estudia un comino! (dije una vez). -No seas amargado, Luis, ¿sabés cómo lo quieren los chicos? En los recreos se arman unas rondas enormes y él se pone a contar historias. ¡Es genial, no me digas que no! ¡Hasta la directora está chocha con él! Eso era lo peor que me podía haber contado; me acuerdo que unos días después el pirata vino a comprar pan y lo atendí de muy mala manera. Lo que estaba sucediendo me gustaba cada vez menos; el pirata era muy querido por todos, en los recreos conseguía una guitarra y se ponía a cantar con los chicos, sabía trucos de magia que nadie podía descubrir, pasaba horas charlando en el escritorio de la vaca. A Héctor le parecía un tipo genial; un día me comfesó: -Sabés, tengo ganas de irme a viajar con él. – Estás loco (le dije). ¡Mirá si vas a dejar tu casa y tu trabajo! -…(levantó los hombros, como si nada de eso importara). Ya era comentario entre la gente que venía a comprar el pan: “La vaca se la pasa todo el día hablando con el pirata ése”. Una madrugada encontré una nota debajo de la puerta: Luis, me voy con el pirata. No me aguanto seguir trabajando en este pueblo. Dejé una carta en casa, convencélos a los viejos de que no se preocupen, yo voy a estar bien y les voy a mandar noticias. Un abrazo fuerte. Chau Luis. Héctor. La leí como seis veces, no lo podía creer. Abrí la panadería, y cuando estaba levantando la cortina me vino un presentimiento, el de que la vaca se había ido con ellos. Así era; esa mañana no pasó y al mediodía en todo el pueblo ya se comentaba “ese escándalo vergonzoso para una directora, por más vaca que fuera”. Una señora dijo: -Abandonó el cargo, tendría que ir presa. Yo sentía que tanta indignación no se debía al abandono del cargo, por más que se hablara de eso; a la gente le molestaba otra cosa (yo digo “a la gente”, quizás a mí también). Ellos se habían ido a vivir su aventura, y nosotros seguíamos aquí. A la semana recibí una carta de Héctor en la que me contaba que cuando la vaca vio que se iban se puso a llorar y les pidió irse con ellos, le dijo al pirata que estaba enamorada de él, que no iba a aguantar si se iba. Tomaron el ómnibus de las dos de la mañana hacia Rosario; pero la carta ya tenía el sello del correo de Córdoba. Así fue pasando el tiempo, yo les mostraba a los padres de Héctor las cartas que me llegaban y ellos hacían lo mismo. Cada tanto cenaba con ellos y pasábamos todo el tiempo comentando las noticias que nos llegaban. Por lo demás, yo seguía en mi eterno mostrador, como a la orilla de un río de barro. El pueblo me parecía vacío. Un día vino el papá a mostrarme un diario con una nota escrita por Héctor y la vaca, se ve que se ganaban unos pesos escribiendo artículos en los que contaban sus viajes. De ahí en más un poco por las cartas, que cada vez llegaban más espaciadas, otro poco por las notas en los diarios, iba enterándome de sus cosas. Pero poco a poco se me fueron yendo las ganas de leer sus artículos, a veces hasta dejaba las cartas sin abrir, no quería enterarme de nada; así pasaron más de cinco meses. Hace quince días, más o menos, vino la mamá a avisarme que Héctor había vuelto. Lo primero que se me cruzó fue que la vaca también había regresado, me sorprendió pensar eso. Inmediatamente cerré la panadería y fui a saludarlo; estuvimos hasta las tres de la mañana tomando mate y conversando. Hacía más de tres meses el pirata se había enamorado de una mujer y se había ido con ella. Eso a la vaca la tuvo muy mal bastante tiempo, pero consiguió abrir una escuela en un pueblo chico, Trevelin, a veinte Kilómetros de Esquel, y así se ayudó a salir adelante. la semana pasada le escribí. Ni bien me conteste cierro la panadería y me voy; Héctor me dijo que se iba a poner muy contenta. Tengo muchas ganas de hacer ese viaje. Me da miedo salir de este pequeño lugar que conozco tan bien, pero ya no quiero ser los que se quedan imaginando el mundo, quiero verlo.
FELIPITO TACATÚN ESTABA HACIENDO LOS DEBERES. INCLINADO SOBRE EL CUADERNO Y SACANDO UN POQUITO LA LENGUA, ESCRIBÍA ENRULADAS “EMES”, OREJUDAS “ELES” Y ELEGANTÍSIMAS “ZETAS”.
DE PRONTO VIO ALGO MUY RARO SOBRE EL PAPEL.
–¿QUÉ ES ESTO?, SE PREGUNTÓ FELIPITO, QUE ERA UN POCO MIOPE, Y SE PUSO UN PAR DE ANTEOJOS.
UNA DE LAS LETRAS QUE HABÍA ESCRITO SE DESPATARRABA TODA Y SE PONÍA A CAMINAR MUY ORONDA POR EL CUADERNO.
FELIPITO NO LO PODÍA CREER, Y SIN EMBARGO ERA CIERTO: LA LETRA, COMO UNA ARAÑA DE TINTA, PATINABA MUY CONTENTA POR LA PÁGINA.
FELIPITO SE PUSO OTRO PAR DE ANTEOJOS PARA MIRARLA MEJOR.
CUANDO LA HUBO MIRADO BIEN, CERRÓ EL CUADERNO ASUSTADO Y OYÓ UNA VOCECITA QUE DECÍA:
–¡AY!
VOLVIÓ A ABRIR EL CUADERNO VALIENTEMENTE Y SE PUSO OTRO PAR DE ANTEOJOS Y YA VAN TRES.
PEGANDO LA NARIZ AL PAPEL PREGUNTÓ:
–¿QUIÉN ES USTED SEÑORITA?
Y LA LETRA CAMINADORA CONTESTÓ:
–SOY UNA PLAPLA.
–¿UNA PLAPLA?, PREGUNTÓ FELIPITO ASUSTADÍSIMO, ¿QUÉ ES ESO?
–¿NO ACABO DE DECIRTE? UNA PLAPLA SOY YO.
–PERO LA MAESTRA NUNCA ME DIJO QUE EXISTIERA UNA LETRA LLAMADA PLAPLA, Y MUCHO MENOS QUE CAMINARA POR EL CUADERNO.
–AHORA YA LO SABES. HAS ESCRITO UNA PLAPLA.
–¿Y QUÉ HAGO CON LA PLAPLA?
–MIRARLA.
–SÍ, LA ESTOY MIRANDO PERO... ¿Y DESPUÉS?
–DESPUÉS, NADA.
Y LA PLAPLA SIGUIÓ PATINANDO SOBRE EL CUADERNO MIENTRAS CANTABA UN VALS CON SU VOZ CHIQUITA Y DE TINTA.
AL DÍA SIGUIENTE, FELIPITO CORRIÓ A MOSTRARLE EL CUADERNO A LA MAESTRA, GRITANDO ENTUSIASMADO:
–¡SEÑORITA, MIRE LA PLAPLA, MIRE LA PLAPLA!
LA MAESTRA CREYÓ QUE FELIPITO SE HABÍA VUELTO LOCO.
PERO NO.
ABRIÓ EL CUADERNO, Y ALLÍ ESTABA LA PLAPLA BAILANDO Y PATINANDO POR LA PÁGINA Y JUGANDO A LA RAYUELA CON LOS RENGLONES.
COMO PODRÁN IMAGINARSE, LA PLAPLA CAUSÓ MUCHO REVUELO EN EL COLEGIO.
ESE DÍA NADIE ESTUDIÓ.
TODO EL MUNDO, POR RIGUROSO TURNO, DESDE EL PORTERO HASTA LOS NENES DE PRIMER GRADO, SE DEDICARON A CONTEMPLAR A LA PLAPLA.
TAN GRANDE FUE EL BOCHINCHE Y LA FALTA DE ESTUDIO, QUE DESDE ESE DÍA LA PLAPLA NO FIGURA EN EL ABECEDARIO.
CADA VEZ QUE UN CHICO, POR CASUALIDAD, IGUAL QUE FELIPITO, ESCRIBE UNA PLAPLA CANTANTE Y PATINADORA LA MAESTRA LA GUARDA EN UNA CAJITA Y CUIDA MUY BIEN DE QUE NADIE SE ENTERE.
QUÉ LE VAMOS A HACER, ASÍ ES LA VIDA.
LAS LETRAS NO HAN SIDO HECHAS PARA BAILAR, SINO PARA QUEDARSE QUIETAS UNA AL LADO DE LA OTRA, ¿NO?
MARÍA ELENA WALSH
martes, 30 de octubre de 2012
Personalmente, me gusta mucho este cuento por el vocabulario metafórico que utiliza... espero que a ustedes también les guste...
EL SOL Y LA NUBE
El sol viajaba por el cielo, alegre y glorioso sobre su carro de fuego, lanzando sus rayos en todas las direcciones, a pesar de la rabia de una nube de humor de temporal, que rezongaba.
Despilfarrador, mano rota, regala, regala tus rayos, verás cuántos te van a quedar. En los viñedos cada grano de uva que maduraba sobre los sarmientos robaba un rayo al minuto, o también dos; y no había una brizna de hierba, o araña, o flor, o gota de agua, que no se tomase su parte.
Deja, deja que todos te despojen: verás como te lo agradecerán, cuando no tengas nada más para regalarles.
El sol continuaba alegremente su viaje, regalando rayos por millones, por miles de millones, sin contarlos.
Solamente al ocaso contó los rayos que le quedaban: y fíjate, no le faltaba ni si quiera uno. La nube, de la sorpresa, se disolvió en granizo.